Cuidarse en pandemia: Efectos saludables del amor

Mercè Puigfel y Anna Sánchez (Marzo, 2021)

Todos deseamos y necesitamos sentirnos queridos, cuidados y amados.

Todos somos, en mayor o menor medida, cuidadores de nuestra familia, de nuestros hijos o de nuestros amigos y, sin embargo, 

¿Quién cuida de ti?

La pandemia nos afecta psicológica y emocionalmente

La pandemia nos está afectando psicológica y emocionalmente. Muchos son los traumas que se están derivando de esta pandemia, la falta de libertad, la imposibilidad de abrazar y besar a los seres queridos, el estar encerrados en nuestras casas, el paro, las situaciones de hambre y pobreza que se están viviendo en muchos hogares y un sinfín de situaciones muy y muy complicadas. 

Compartir el amor es sanador, tal y como nos dice Erich Fromm, el amor es importante ya des de nuestra infancia. De pequeños podemos soportar situaciones traumáticas siempre y cuando, nos sintamos queridos en nuestro interior. 

Desde la psicología humanista, sabemos que todos tenemos un niño interior que desea ser querido y amado. Este amor empieza en uno mismo

Durante las próximas semanas te compartimos artículos en los que te hablamos y compartimos herramientas para cuidarte

Hoy vamos a hablar de la importancia del amor y su impacto emocional en nuestras vidas.  

El amor influye en nuestra Inteligencia Emocional y Bienestar

La capacidad de moldeamiento de nuestro cerebro se manifiesta en todas las etapas de nuestra vida. Sin embargo, el cerebro del niño en la infancia es especialmente sensible a los influjos dañinos (Markowitsch & Staniloui, 2014).

El maltrato físico o psicológico tiene consecuencias directas en el desarrollo neuronal y de nuestro cerebro. 

El experimento de Spinelli y Ferrand (2009), demuestra que un entorno adverso puede ser responsable de un desarrollo anormal del cerebro en personas con tendencia al trastorno de personalidad antisocial y la psicopatía. 

Otros estudios como el de Markowitsch y Staniloui (2014), realizado en la escuela de medicina de Harvard, concluyen que los jóvenes adultos que han crecido en familias desestructuradas y con infancia difícil, presentan mayor tendencia a la depresión, a los miedos y a trastornos psico-patológicos, quedando afectados neuronalmente. Sus axones eran de menor grosor, las fibras nerviosas eran más delgadas y las conexiones entre algunas áreas del cerebro presentaban anomalías. 

Otro estudio realizado por Fries, Ziegler, Kurian, Jacoris y Pollak (2005), con niños huérfanos, permite concluir que los niños huérfanos que no habían recibido contacto cariñoso liberaron menos oxitocina que los niños que si habían recibido cariño. La oxitocina es la hormona del amor, nos ayuda a crear relaciones de cariño con los demás y tiene un papel fundamental con nuestra capacidad de amar y de ser amados.

Desde el punto de vista neurobiológico la falta de amor en la infancia nos impacta negativamente:

  • Debilita nuestras defensas y afecta a nuestro sistema hormonal y endocrino.
  • Dificulta nuestro el control del estrés.
  • Afecta a nivel cerebral, por ejemplo, en nuestra memoria y capacidad realizar tareas en el trabajo (Beers & De Bellis, 2002). 
  • Incrementa los trastornos psicológicos: esquizofrenia, autismo, hiperactividad, depresión y riesgo de suicidio. (Teicher, Andersen, Polcari, Anderson, Navalta & Kim, 2003; Mesa-Gresa, Moya-Albiol, 2010).
  • Disminuye la segregación de hormona de dopamina, hormona de la felicidad.
  • Rebaja la segregación de serotonina, hormona de la alegría.
  • Aumenta nuestra irritabilidad emocional y nos hace menos sociables (Teicher, Andersen, Polcari, Anderson, Navalta & Kim, 2003; De Bellis, 2005). 

Una de las vías para conseguir este bienestar es a través del desarrollo de la Inteligencia Emocional. 

El amor previene problemas psicológicos y nos proporciona bienestar.

Una de las expresiones más universales de amor es el beso, a través de él sentimos y expresamos amor. El beso genera en niños y adultos numerosas y simultáneas explosiones emocionales y hormonales que nos proporcionan sensación de bien estar.

El poder de un abrazo

El abrazo y el beso tienen efectos curativos. Sentirnos abrazados por los demás aumenta nuestra autoestima, disminuye los niveles de estrés y ansiedad, previene estados depresivos y neuronalmente hace que nuestro cerebro produzca una sobredosis de Serotonina, Dopamina, Endorfinas y Oxitocina, todas ellas hormonas y neurotransmisores relacionadas con el placer, la felicidad y el amor.

Cuidar a los demás, sentirnos cuidados y auto cuidarnos, aumenta nuestro bien estar y el de los demás.

Una de las vías para conseguir este bienestar es a través del desarrollo de la Inteligencia Emocional. 

Algunos de los beneficios del desarrollo de la Inteligencia y Educación Emocional son:

  • Tener una mejor adaptación e interacción social. 
  • Empatizar y tener en cuenta nuestros sentimientos y los de los demás.
  • Desarrollar nuestra capacidad de control de impulsos.
  • Incrementar nuestro entusiasmo y motivación.
  • Potenciar hábitos de conducta correctos.
  • Procurar el bienestar de los demás.
  • Mejorar el altruismo y la compasión. 
  • Nos volvemos más amables y tenemos más capacidad de amar.

En el próximo artículo os hablaremos del Amor y el bienestar y de cómo poder desarrollarlos a través de la Inteligencia y Educación Emocional.

Bibliografía

Beers, S. R., & De Bellis, M. D. (2002). Neuropsychological function in children with maltreatment-related posttraumatic stress disorder. The American journal of psychiatry, 159(3), 483–486. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.159.3.483

De Bellis M. D. (2005). The psychobiology of neglect. Child maltreatment, 10(2), 150–172. https://doi.org/10.1177/1077559505275116

Grassi-Oliveira, R., Ashy, M., & Stein, L. M. (2008). Psychobiology of childhood maltreatment: effects of allostatic load? Revista brasileira de psiquiatría, 30(1), 60–68. https://doi.org/10.1590/s1516-44462008000100012

Lee, V., & Hoaken, P. N. (2007). Cognition, emotion, and neurobiological development: mediating the relation between maltreatment and aggression. Child maltreatment, 12(3), 281–298. https://doi.org/10.1177/1077559507303778

Markowitsch, H.J., Staniloiu, A. (2014). Amnesia disociativa y funcional: cambios cognitivos, emocionales y psicosociales. Lisboa: Pracana.

Teicher, M. H., Andersen, S. L., Polcari, A., Anderson, C. M., Navalta, C. P., & Kim, D. M. (2003). The neurobiological consequences of early stress and childhood maltreatment. Neuroscience and biobehavioral reviews, 27(1-2), 33–44. https://doi.org/10.1016/s0149-7634(03)00007-1.

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